El Baikal en Acapulco, tierra, viento, fuego, agua | Blog de viajes y gastroenologia

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El Baikal en Acapulco, tierra, viento, fuego, agua

El Baikal
Ir a degustar la comida a El Baikal en Acapulco es una de las mejores experiencias, tanto en lo gustativo como en los visual
Acapulco, como un tsunami, toma altura y embiste a los sentidos con sus paisajes
y su turismo de corte mundial . La hoy famosa Playa de la Condesa, no era mas
que un solitario páramo donde las olas se rompían provenientes del indomito
Pacifico, sin otro fin que acariciar las arenas de lo que fue un paraje virginal . El
mundo, no hay duda esta movido por la fuerza que imprime en sus engranajes los
sueños de los hombres y sus visiones.Fue por allá en los cuarentas cuando
alguien, entonces muy joven, tuvo el empeño de hacer de aquel lugar un centro
turístico que fuera el orgullo no solo de Guerrero sino de todo Mexico . A muy
temprana edad, Don Jesus “Chuy” Rodriguez se prometio que traeria el turismo a
raudales a ese lugar y vaya que lo hizo.
Con una sonrisa franca y su característica bonhomía, Ernesto Rodriguez Escalona,
nos narra las peripecias que su padre paso para lograr lo que hoy es
una de las zonas mas turiíticas y comerciales de Acapulco. Un sueño, una visión
y un carácter de hierro forjaron la playa de ensueño de la época del Mexico

romantico .
Conforme desarrollaba con
pasion y nostalgia la historia de
la familia, se observaba a
Marcela , su esposa recordarle
pasajes idos, como si hubiera
estado ahií con un animo
contagiable y una sonrisa a flor
de piel . El restaurant Baikal de
cocina “Cordon Bleu” es una
secuela tardia de aquel sueno
de Don “Chuy” como
cariñosamente lo refieren en el en puerto, un místico lugar donde También se
come con los ojos.Al descender , se aprecia un ambiente acogedor y refrescante,
mientras afuera un verano húmedo y cruel azota al aire mariítimo.Tan pronto la
gravedad nos atrajo armoniosamente hacia el lobby por la escalinata de caracol, se
aprestaron a obsequiarnos con una mesa con una vista sobrecogedora que hacia
contener por momentos la respiración . A veces, como los niños, no hay que
perder la capacidad de asombro..! . A través de enormes cristales se apreciaba la
curvatura de la Bahia de Acapulco cuyas luces titilaban debilmente en un
horizonte otrora rojizo por el atardecer.La ambientación es armoniosa, como la
onda en un estaque atravesando su cuerpo con sus elementos representados en
Agua, viento,tierra y fuego con la elegancia de un lugar que respira clase. Los
tonos mortecinos de luz , lo impecable de sus mesas y de sus anfitriones hacia una
prometedora noche para degustar y celebrar los sentidos.
El elemento fuego avivo el espacio central de nuestra mesa y los tonos pálidos de
su resplandor hicieron que los músculos se relajaran y parte de la mente
también.De alguna manera se liberaron hormonas donde en lo mas recóndito
alertaban de la exquisita ambrosia que se avecinaba.
Los olores , muy delicadamente vagaban en el ambiente mientras nuestros vecinos
daban la bienvenida a sendos platillos dignos no solo de degustarse, sino de
fotografiarse, es cierto, se come también con los ojos .
Mientras adivinábamos el oscuro contorno de la bahií, una musica New Age,
inundo el espacio haciendo vibrar los tímpanos a ritmo cadencioso, el elemento
aire hacia su presencia haciéndose notar sobremanera .Los enormes ventanales
fueron cubiertos cual párpados, por pantallas de proyección en las que un mundo
subacuático de peces multicolores nos hacia una fantasmagórica presentación

surrealista por demás agradable a los sentidos que hacia una invitación a la
autoindulgencia .
Pasados unos minutos, todo retorno a la normalidad y los miradores abrieron de
nuevo sus ojos eternos a la bahía.
Cantidad de comensales se dieron cita con atuendos elegantemente casuales
acordes a la estación lo que le daba un ambiente mundano y decadente, debo de
decir también estimulante.
La terrine de “Foie Gras” no tardo mucho en hacer su aparición anunciando el
inicio de la aventura.Es interesante el maridaje de la vinagreta al filo del
plato y que en el paladar, corta literalmente la grasa propia del manjar y hace en
ello una verdadera explosión del sabor que recuerda a los fuego artificiales . Las
glándulas salivales reaccionaron violentamente haciendo una enervante fusión
química de sabor.
La arúgula y los vegetales verdes hicieron su comparsa haciendo de la
combinación un éxito gustativo en el que al cabo de unos minutos, tomándolo con
la paciencia de un monje tibetano, la codicia por la comida hizo su asomo .
My bien ordenados lo calamares me recordban a la guardia Suiza pues se
ajustaban a la curva del platillo con gotas de negra tinta artísticamaente pincelada
a un lado . Como dirigiendo la orquesta, justo en el medio, la mermelada de
cangrejo matizaba el arreglo delicadamente y sobre todo le daba una vista tan
armónica que el chef debió de haber sido “Diseñador de alimentos”, mientras
tanto no sabia si debería tener la osadía de probarlo .
Eventualmente lo salobre del mar hizo su presencia y me recordó el elemento
“Agua”.
Muy interesante como los sabores por separado son unos y cuando se es buen
mediador los sabores se multiplican y complementan , como dicen los chinos’Para
ser buen cocinero, hay que ser buen casamentero” entonces la mermelada de
cangrejo con un dulzón muy lejano se envolvió con el exótico sabor de la tinta y
la consistencia de la carne del calamar, resultando en un viaje a las profundidades
abismales de un segundo de duración.

El “Rissoto Nero” siguio en el orden

prodigando una textura aterciopelada y
cremosa de un arroz arboreo cocinado a
la perfección, fue el “Grand Final” de los
platillos fuertes.
Ciertamente el flujo del tiempo estaba de
nuestro lado y como tal se dejaba
deslizar cuesta abajo, y nosotros con el.
Cada bocado de este arroz magistralmente
preparado, nos daba un poco de sabores
diferentes, en alguna ocasión aparecía un enroscado crustáceo, liberado al fin de
su carapacho, ofreciendo todo el sabor que en su travesía marina pudo colectar y
liberarlo justo en el momento de la divina comedia. Otras veces una redonda
escalopa exhalaba su bouquet con gusto.
Los honores enológicos fueron personalizados por un buen Cabernet Sauvignón
nada menos que de Chile. El característico sabor a grosella de la uva, fue un buen
consejero en las artes del buen beber y buen “Yantar” como dijera Sancho en el
Quijote.
El elemento “Tierra” me recordo las laminas de un milenario mármol de Alicante
que tenia a bien estar adosado en la pared con una mística luz de fondo que
denotaba sus vetas de un color dorado y café que me recordaba al gelatto de
mantequilla escocesa...hasta una roca exuda imaginación..!
El ambiente rocoso de la barra, se vio engalanado con la presencia de un desfile
alegre de postres saltarines a la vista y que el paladar ansioso les daba la
bienvenida.
La textura aterciopelada con notas de vainilla tostada y una crujiente capa de
caramelo caracterizo al “Crème Brulé” , pero el Struddel de Manzana no se dejo
intimidar y con el perfume característico de Normandia dejo entrever sus secretos
y sus celosamente cuidados sabores.
Como corolario de tan magnifica odisea gastronomica, los párpados de las
ventanas se cerraron para regalarnos imágenes del Acapulco antiguo, de las raíces
de este enorme árbol que ha dado a México una presencia en el mundo.Escenas de
Johnny Weissmuller a un lado de su amigo ‘Rodrigo” un chaval que a la postre
heredaría un refugio turistico del propio actor quien representara a Tarzan y que
fuese campeón olímpico de natación….vetustas construcciónes y el turismo de
aquel entonces en ciernes, enormes solares donde ahora habitan los edificios que
ya no dejan ver a la playa, vacíos gigantescos de espacios tan grandes como los
sueños de quien los fabrico….hay que cuidar al hombre que suena despierto reza

un refrán, “Quid pro quo” . La noche se convirtió en avanzada rotación terrestre,
así que fue hora de agradecer a nuestros anfitriones no solo la magnifica velada
sino el haber dejado en nuestros corazones una sensación de gratitud no sin un
dejo de nostalgia por tiempos pretéritos, que aunque no vividos , fueron
contagiados y a partir de esto el bello puerto de Acapulco no es mas un
conglomerado de hoteles y oportunidades de sol y de mar, es ahora un pedazo de
historia incrustado en algún lugar del sentimiento, donde el Baikal fue el
escenario y testigo de honor.